Lista de Poemas


Imagen descriptiva

"El lago"

Autor: Jorge Villalón Esquivel

Alma mía, ¿en dónde quedaron nuestros sueños?.
¿Dónde la pálida risa de ilusión, perdida?
¿Acaso nunca ha de volver la fe ya ida
y solo queda el frío recuerdo de un ensueño?.

Y pensar que el fuego de un corazón extasiado
era tan cercano a lo perpetuo ¡Eterno!
Pero solo su memoria en medio de este invierno
es lo que queda aún en el presente hastiado.

¡Oh! Noches de azul misterio y vaporoso lecho,
sembrado de húmeda y acuática armonía,
que infundían ciego delirio, noche y día,
a un corazón ansioso dentro de mi pecho.

Y, en tenue umbral, aquella sombra tan querida,
al fin proyectaba su silueta, flor ardiente,
regalando a la luna su corazón valiente,
¡y en mi mirada le diera hasta la vida!.

Al tú arribar, el tiempo frena, se detiene:
tu mirada en mis ojos, mi boca en tus labios,
y la pasión, vestida con sus instintos sabios,
abona este romance, lo cubre y lo contiene.

Innumerables por breves y jamás bastantes,
las horas frente al lago se escapan en caricias,
haciendo en nuestros cuerpos tan mágicas delicias:
¡Tú y yo somos corceles alados, galopantes!



El alma desespera: temores ya no calla,
grita a su amor, sufriente, implora pugna y llora:
“¿Acaso, vida mía, es que no veis la hora
que un fiero peligro de un final no haya?”.

Mas gélida tragedia: la efigie de la muerte,
inevitable, yergue su horrorosa figura.
¿Por qué la luna en tu pupila queda oscura?
¡Qué triste sino, oh Dios, qué desdichada suerte!.

En azules umbríos, dolientes tornan luego
sus sombras, las mismas que hasta ayer iluminaban
a dos amantes, los que por siempre se anhelaban,
para encender, con su pasión divina, el fuego.

Hoy en el lago, solo la ausencia de sus dueños,
y en medio de ella, una voz triste que tremola.
Conmovedor, un negro eco se enarbola:
“Alma mía, ¿en dónde quedaron nuestros sueños?.”

Ausencia

Autor: Sofía Cuellar G

En septiembre,
pétalos rosados deberían alzarse,
el aroma silvestre del césped
llenar mis pulmones
de la pureza de la vida

En diciembre,
el fuego tendría que encender mi corazón,
el calor recorrer mis venas.
De mi garganta rugir
mis pasiones intensas

En abril,
el atardecer debería convertirse en oro,
la suave brisa me llevaría
a compartir la fragilidad de mi vida
con las hojas secas que caen suavemente

En julio,
la lluvia cubriría mis pensamientos,
el frío abrazar mi cuerpo,
mis penas durmiendo entre las nubes
guardado en secreto esperando a estallar

Pero mi primavera no tiene un jardín,
mi verano es un volcán dormido
mi otoño es un atardecer sin colores
Y el invierno...

El invierno me encierra
Me hiela las manos
Me ata con su nieve y me abraza
No me suelta
Ni tampoco me duele

Mi poesía

Autor: Kevin González Sepúlveda

Del misterioso río
Surge el aguamarina,
como un suspiro antiguo
que se cuela entre las páginas del alma.

Nos tiñe de tristeza,
nos tiñe de alegría,
como si cada corriente
fuera un verso que respira.

Del día a día
naciste poesía,
y en la sombra tibia
de una carta incompleta,
te hiciste verdad.

Desayuno

Autor: Vicente Pavez

El café ya no se prepara solo.
Pareciera que todo pasara más lento:
las aves —colibríes— dejan de volar,
el reloj derrite las horas,
los segundos parecen hormigas
en una guerra de soldados.
En el parque solo consigo oler... ¿¿tu perfume??
Ah, no. Solo era un tulipán
que tenía en sus manos Don Julián.
El perro de aquella casa
ladra sus quejas a su manera,
pero lo hace.
En casa se extraña el olor
a pan tostado recibiendo al alba,
ese libro,
y aquel aroma a fresco desayuno.
Pero el café...
ya no se hace solo.